"Ceder parte de la soberanía es inevitable. Sin embargo, existe una diferencia entre federalismo y neocolonialismo"
y esta otra parte, jugosita de lo que dice este artículo (soba lomos) que transcribo más abajo:
"A la hora de la verdad, como reconoció la canciller Merkel la semana
pasada, la unión monetaria siempre tuvo implícita en ella una mayor
integración en una unión fiscal y política".
Como "reconoció", ja, ja!! ¡¡Si los acreedores alemanes quieren cambiar deuda por islas griegas, Andalucía, tajadas de mapa de Europa!! Pobres, dicen la Merekel reconoció que actuan como vampiros, cuando prestaron y ahora, cuando se quieren cobrar con el mapa.
Pero ellos son los mercados, hay que calmarlos, piden todos a coro. Este artículo también.
Ojala que los griegos cumplan todos los augurios y lesdenpol
Aca va el artículo del gran mago Rubini, que no deja de tener muchas cositas para extraer, sacando de contexto algunas ideas de este revuelto de verdad y mentiras para este verdadero anuncio publicitario que solo vende una re-conciliación europea, aunque duela un poquito, eso si, acorde a los intereses y el ánimo al borde de un ataque de nervios de los mercados, pobrecitos.
Esto publicó El Pais:
Niall Ferguson /
Nouriel Roubini
10 JUN 2012 - 01:00 CET
Llevamos más de tres años advirtiendo de que Europa continental
necesitaba limpiar los lamentables balances de sus bancos. No hicieron
prácticamente nada. Mientras tanto, desde hace dos años se está
extendiendo un pánico silencioso entre los bancos de la periferia de la
eurozona: se han reducido los servicios financieros transfronterizos,
interbancarios y generales, y se han sustituido por financiación del
BCE; y el dinero inteligente —grandes depósitos no asegurados de
personas con altos ingresos— ha abandonado las costas de Grecia y otros
bancos mediterráneos.
Pero ahora el público está perdiendo la confianza, y el pánico puede
extenderse a depósitos sin asegurar más pequeños. Si Grecia saliera del
euro, se produciría una congelación de depósitos, y los depósitos en
euros se convertirían en nuevos dracmas: por tanto, un euro en un banco
griego no equivale a un euro en un banco alemán. Los griegos han
retirado más de 700 millones de euros de sus bancos en el último mes.
Más preocupante es que el mes pasado también hubo un aumento de las
retiradas de dinero de algunos bancos españoles. La torpe operación de
rescate de Bankia llevada a cabo por el Gobierno solo ha servido para
incrementar la inquietud de la población. En una visita reciente a
Barcelona, a uno de nosotros le preguntaron varias veces si era seguro
tener dinero en un banco español. Este tipo de proceso puede ser
explosivo. Lo que hoy es una tranquila visita al banco puede convertirse
en una carrera de sálvese quien pueda. Si se produjera la salida de
Grecia, las personas racionales se preguntarían: ¿quién va a
continuación?
Como se debatió en una reunión del Nicolas Berggruen Institute
celebrada la semana pasada en Roma, la forma de salir de esta crisis
parece clara.
Resulta extraordinario que sea Alemania la que parezca no haber aprendido de la historia
En primer lugar, es preciso establecer un programa de
recapitalización —mediante acciones preferentes sin derecho a voto— de
los bancos de la eurozona, tanto en la periferia como en el centro,
directa a través del Instrumento Europeo de Estabilidad Financiera
(IEEF) y su sucesor, el Mecanismo de Estabilidad Financiera (MEE).
La estrategia actual de recapitalizar los bancos a base de que los
Estados pidan prestado a los mercados nacionales de bonos —o al IEEF— ha
resultado desastrosa en Irlanda y Grecia: ha provocado una explosión de
deuda pública y ha hecho que el Estado fuera todavía más insolvente, al
tiempo que los bancos se convierten en un riesgo mayor en la medida en
que más parte de la deuda pública está en sus manos.
Segundo, para evitar el pánico en los bancos de la eurozona —un
fenómeno seguro en el caso de salida de Grecia y muy probable en
cualquier caso— es necesario crear un sistema europeo de garantía de
depósitos.
Con el fin de reducir el riesgo subjetivo (además del riesgo del
precio de las acciones y el riesgo crediticio asumidos por los
contribuyentes de la eurozona), también habría que tomar otras medidas:
1. El programa de garantía de depósitos debe financiarse con los
gravámenes bancarios apropiados: podría ser un impuesto de transacciones
financieras o, mejor aún, un impuesto sobre todos los pasivos
bancarios.
2. Es necesario poner en práctica un programa de resolución bancaria
en el que los acreedores no asegurados —tanto mayoritarios como
minoritarios— sean los primeros que paguen, antes de recurrir al dinero
de los contribuyentes para cubrir las pérdidas de un banco.
3. Deben tomarse medidas para limitar el tamaño de los bancos con el
fin de evitar el problema de las entidades demasiado grandes para caer.
4. También somos partidarios de un sistema de supervisión y regulación para toda la UE.
Un euro en un banco griego no equivale a un euro en un banco alemán
Es cierto que el fondo europeo de garantía de depósitos no funcionará
si existe el riesgo continuo de que un país se salga de la eurozona.
Garantizar los depósitos en euros sería muy caro, porque el país en
cuestión necesitaría convertir toda la deuda a una nueva moneda
nacional, que enseguida se depreciaría respecto al euro. Por otra parte,
si el seguro de depósito solo tiene validez mientras el país no
abandone el euro, será incapaz de impedir un pánico bancario. Por
consiguiente, es necesario tomar más medidas para reducir las
probabilidades de que se produzcan abandonos de la eurozona.
Hay que acelerar las reformas estructurales que estimulan el
crecimiento de la productividad. Entre las políticas que pueden
conseguirlo están una mayor flexibilización monetaria por parte del BCE,
un euro más débil, algún estímulo fiscal en el núcleo duro, más gasto
en infraestructuras que reduzcan los cuellos de botella y faciliten el
abastecimiento en la periferia (a ser posible, con una regla de oro para
las inversiones públicas) e incrementos salariales por encima de la
productividad en el centro para impulsar los ingresos y el consumo.
Por último, dado el volumen insostenible de las deudas públicas y los
costes de endeudamiento de varios Estados miembros, no vemos
alternativa posible a algún tipo de mutualización de la deuda.
En la actualidad existen varias propuestas de eurobonos. Entre ellas,
la que preferimos es la de un Fondo Europeo de Redención que hace el
Consejo Alemán de Asesores Económicos, no porque sea la mejor, sino
porque es la única capaz de aliviar la inquietud alemana sobre la
perspectiva de asumir un riesgo crediticio excesivo.
El FER es un programa provisional que no derivará en un sistema de
eurobonos permanentes. Cuenta con los avales suficientes y la antigüedad
adecuada, además de tener unas condiciones muy firmes. El principal
peligro es que cualquier propuesta que sea aceptable para Alemania
supondría tal pérdida de soberanía fiscal para los Estados que sería
inaceptable para a periferia de la eurozona, en especial Italia y
España.
Ceder parte de la soberanía es inevitable. Sin embargo, existe una
diferencia entre federalismo y neocolonialismo, como nos dijo un
veterano político en la reunión del NBI en Roma.
Dado el volumen insostenible de las deudas, no vemos alternativa posible a algún tipo de mutualización
Hasta hace poco, la postura de Alemania sobre estas propuestas ha
sido siempre negativa. Es comprensible la preocupación alemana sobre el
riesgo subjetivo. Será difícil de justificar el hecho de que se ha
arriesgado el dinero de los alemanes si en la periferia no se llevan a
cabo unas reformas sustanciales. Pero es inevitable que esas reformas
tarden aún cierto tiempo. La reforma estructural del mercado de trabajo
alemán no fue precisamente un éxito de la noche a la mañana. Por el
contrario, la crisis bancaria europea es un riesgo financiero que podría
dispararse en cuestión de días.
Los alemanes deben comprender que la recapitalización bancaria, el
seguro europeo de depósitos y la mutualización de la deuda no son
opcionales. Son medidas esenciales para evitar una desintegración
irreversible de la unión monetaria europea. Si todavía no están
convencidos, deben entender que los costes de la ruptura de la eurozona
serían astronómicos, para Alemania tanto como para el resto del mundo.
Al fin y al cabo, la prosperidad actual de Alemania es en gran parte
una consecuencia de la unión monetaria. El euro ha dado a los
exportadores alemanes un tipo de cambio mucho más competitivo que el
viejo marco. Y el resto de la eurozona sigue siendo el destino del 42%
de las exportaciones alemanas. Sumir a la mitad de ese mercado en una
depresión no puede ser beneficioso para Alemania.
A la hora de la verdad, como reconoció la canciller Merkel la semana
pasada, la unión monetaria siempre tuvo implícita en ella una mayor
integración en una unión fiscal y política.
Pero antes de que Europa piense en dar este paso histórico, debe
demostrar que ha aprendido las lecciones del pasado. La UE se creó para
no repetir los desastres de los años treinta. Ya es hora de que los
dirigentes europeos —y en especial los alemanes— sean conscientes de que
están peligrosamente cerca de caer en ello.